Hacer proceso histórico de nuestro lema se hace preciso frente a lo vivido. No es que quiera justificarlo, sino todo lo contrario, apelando principalmente a que el olvido es causante de esto.
Hoy después de doscientos años de historia basada casi siempre en la fuerza, creímos que al fin estábamos situados en el proceso de la razón, en democracia o simplemente basados en una sociedad de dialogo. Esa certeza se vio ciertamente rota al enfrentarnos a lo que claramente y sin lugar a dudas, se llama minoría exaltada.
Y claramente me enfoco en la impronta ocurrida al optar por la violencia como método legitimo para reclamar democracia. Personalmente fui violentada, por lo que si es muy particular la visión, entiéndalo.
Soy hija de la dictadura, criada en democracia, por lo que los espacios de opinión, participación, inteligencia y cordura siempre me fueron enseñados como algo ganado, pese a ser derechos legítimos, siempre y por sobre todas las cosas, me enseñaron a cuidar y respetar la institucionalidad como base para cualquier cambio o reforma nacida desde las mayorías.
Sumida a esta tradición que finalmente fue premisa de todos los que se criaron en esta época, puedo quizás, en primera instancia, justificar tales actos de violencia e incivilidad, en la concepción desvalorizada de lo que existe por no conocer directamente la ausencia del actual sistema democrático universitario.
Sin querer desmerecer, esta suposición está basada principalmente en la ignorancia y la desvinculación de las actuales corrientes políticas radicales con los procesos al mediano y corto plazo (ni siquiera apelando a un proceso mayor a 10 años) en cuanto a gobierno universitario.
Me considero una persona política, racional, pacífica y capacitada para el dialogo, por lo que la violencia no tiene cabida en mi proceder. Creo firmemente en la potencia del discurso, el valor de la palabra y el poder irrefutable de una idea, por lo mismo, el impacto de un golpe tiene cien veces menos poder que el argumento lógico basado en las convicciones.
Convencida de esto puedo declarar ampliamente que este tipo de situaciones solo conlleva mayormente a más violencia y por supuesto, resultados negativos a nivel de avances, consensos, unión y por supuesto de democracia.
No puedo no mostrarme profundamente ofendida y molesta, ya que las instancias de opinión han sido claras, libres y totalmente a disposición de todos los que participamos localmente de las asambleas, por lo que francamente no me explico el proceder de quienes han optado por callar en estos espacios y vociferar violentamente, sin respaldo de la mayoría, en las instancias de representatividad universal. Marcando claramente definiciones poco claras de cuáles son las verdaderas opiniones locales y enfatizando un clima beligerante, fuera de foco a la discusión nacional.
Qué más puedo decir que es lamentable y junto con esto, sumarme a construir. Pues si hay algo claro, es que no podemos bajar los brazos y situarnos en “por la Fuerza”, sino ser enfáticos que “por la razón” las conquistas son legitimas, duraderas, inclusivas y justas para todos.
No permitamos la política de imponer posturas, ya que ni a golpes nos quitaran lo que es nuestro, nuestro derecho de pensar y decidir por nosotros en pos del bien común!
Soy capaz de asumir que todo proceso tiene fallas, pero asumiendo esto, apelo a la construcción y no a la destrucción de los espacios existentes, ya que intentar avanzar retrocediendo no tiene lógica, ni sustento que pueda significar mejoras.
Para finalizar insisto en que este lema debe ser leído y analizado, para no repetir los errores del pasado que tanto daño ya nos ha hecho y nos sigue haciendo. Y ojo que si es usted un ser literal, la razón prima en este tan cuestionable lema.
